Capítulo 1: La Huida
A medida que se movía cada vez más rápido, sentía el aliento del chupasangre en su oído, haciendo que cada esquina pareciera la última; aprovechaba la oscuridad de la noche y el camuflaje del tupido bosque para seguir adelante hacia su destino, la ciudad de Eifhen.
La joven Theorel había obtenido información crucial que podría cambiar el destino del planeta. Por eso era de vital importancia dejar atrás al vampiro que la perseguía, un joven de melena blanca a quien solo su torpeza como cazador, debido en parte a su corta edad como no muerto, le daba a ella alguna oportunidad.
Al llegar a la zona más frondosa del bosque, la esperanza de salir ilesa crecía, pero sabía que no podía confiarse, aún no tenía suficiente carga en su armadura para usar la velocidad aumentada, y ya había empleado el camuflaje visual y térmico durante el hurto de información en la pequeña nave vampira.
Corría e intentaba ocultarse detrás de grandes árboles, pero era inútil. Cada vez que parecía dejarlo atrás, el vampiro Vaethon se aproximaba de nuevo. El olor de la sangre de alguien tan joven como Theorel era imposible de ignorar. Durante la huida, ella se había lastimado levemente la cara, lo suficiente para que él percibiera su olor e impidiera abandonar el rastro incluso para un inexperto vampiro como Vaethon.
Cuando parecía prácticamente imposible dejarlo atrás, Theorel vio una pequeña entrada a una cueva a lo lejos. Pensó que los túneles internos podrían confundir al chupasangres, dejándolo atrás y así permitirle escapar. Mientras se acercaba a la entrada, impregnó con su herida algunos árboles cercanos para dificultar la búsqueda de Vaethon y conseguir tiempo hasta que se cargaran las habilidades de la armadura.
Una vez saturadas de olor las áreas cercanas a la cueva, Theorel se dispuso a entrar en ella. La primera sensación fue que se trataba de una cueva de inmensas proporciones, lo cual podría jugar a su favor. Comenzó a adentrarse y verificó su traje para saber si aún tenía alguna habilidad disponible, pero desafortunadamente estaba descargado y parecía haberse llevado un duro golpe mientras trataba de escapar.
Esperaba con todas sus fuerzas que el vampiro hubiera continuado por el bosque y no hubiera entrado, notaba el cansancio en sus piernas así que planeó permanecer dentro durante la noche y salir al día siguiente.
Sin embargo, al internarse en uno de los túneles, una voz hizo que todas esas esperanzas se esfumaran.
—¡Te voy a encontrar, Theorel, y te voy a destrozar! ¡Mi señor me recompensará, maldita ladrona!- bramó desde la lejanía Vaethon.
Los vampiros que no habían llegado a la madurez solían tener una actitud soberbia y despectiva hacia la población humana. Pero Theorel esperaba que eso llegara a su fin, poder escapar y dar esperanza a la mermada resistencia.
A medida que se adentraba más en la cueva, comenzaba a pensar que había sido una mala idea usar ese escondite. Debía encontrar una forma de dejar atrás al vampiro, o su suerte se acabaría esa misma noche. Con cada paso que daba notaba más cerca la presencia de Vaethon y como este estaba más al acecho.Había logrado seguir la ruta que ella había tomado, y aunque la herida en su rostro estaba relativamente seca, aún desprendía suficiente olor para que el joven no muerto pudiera continuar tras ella.
Theorel sospechaba que estaba cerca de las profundidades de la tierra, era cada vez más fría y oscura y apenas había visibilidad, una fina niebla apenas dejaba ver el camino, fue entonces cuando percibió un fuerte hedor. Pensó que algo se estaba pudriendo a su alrededor.
Giró dos veces a la izquierda y comenzó a ver restos de huesos, empezaba a sentir miedo dentro de ella y esperaba que no le afectara, pero con cada paso que daba se le hacía más difícil evitar pisar los restos de animales que habían perecido allí abajo además la peste era mayor, podía notarse restos de carne pudriéndose en los huesos que dejaba atrás, no parecía haber fallecido ahí por algún accidente o por vejez, sino por algo diferente, los nervios habían jugado en su contra a la hora de entrar en la cueva y ahora no podía hacer el camino hacia atrás o se encontraría con Vaethon, así que solo podía seguir adelante y rezar por que no hubiera nada peor que un vampiro ahí dentro.
Mientras el joven no muerto saboreaba su presa y la boca se le hacía agua , no hacía más que pensar en el cuello de la escurridiza espía y como se abalanzaría sobre ella. El olor de Theorel nublaba sus sentidos y apenas percibía algo más que a ella. Sus ojos rasgados y rojos veían perfectamente en la oscuridad y su oído era mejor que el de cualquier otro animal de la zona, pero la sed de sangre le impedía ver más allá, no quería tampoco destruir las esperanzas que su señor había depositado en él y defraudarlo.
La victoria parecía estar cerca y él era consciente de ello. Sería recibido en su aldea como un héroe y el asesino de la famosa rebelde de una vez por todas, y el escuadrón rojo lo aceptaría como uno más.
Ella aceleró el paso, sin preocuparse por el sigilo. Solo quería encontrar una salida. Giró nuevamente a la izquierda, esperando encontrar una curva que la llevara hacia la superficie. Sin embargo, se encontró con una gran sala llena de cuerpos mutilados y cráneos en descomposición. De la oscuridad emergió una enorme silueta la cual giró lentamente en su dirección, notaba una punzada en el estómago y sabía que algo terrible estaba apunto de ocurrir.
Se quedó sin palabras, sin poder ni tan siquiera parpadear. Su respiración se entrecortaba y era incapaz de moverse, el miedo la hizo quedarse petrificada como una estatua.
En cambio, la silueta sí se movió. Se giró y reveló dos enormes cuernos negros y afilado, un cuerpo de aproximadamente ocho metros de envergadura y una musculatura imponente. La figura empezó a ponerse en pie y, como si fuera una bestia enfurecida inhaló una gran cantidad de aire para luego soltarla de golpe, se acercó a un punto donde la luz dejó entre ver lo que tanto temía Theorel. Fue entonces cuando pudo ver su rostro, como si se tratara de un toro enorme y terriblemente enfadado y con una mirada hambrienta.
—Un minotauro,- murmuró con dificultades Theorel para sí misma.
La bestia clavó sus dos enormes ojos amarillos y encendidos en cólera en la joven. Su piel parecía dura como el metal, tenía el pelo negro y largo, y su rostro era monstruoso , sus dientes tenían la mitad del cuerpo de ella y sus brazos podrían destruir un hueso como si de una rama de un árbol se tratara.
Comenzó a moverse hacia ella, respirando con furia y el aire que emanaba nublaba parte de la cueva dificultando la visión.
Entonces ella despertó de golpe de su estado estático y empezó a huir en dirección opuesta al Minotauro, esperando encontrar una forma de salir de ahí. Sin embargo, chocó con Vaethon y golpeó contra su pechera, cayendo al suelo con un duro golpe.
El chupasangre sonrió al verla en el suelo tan frágil, casi rota sin embargo algo le interrumpió mientras ya se relamía en su victoria, fue entonces cuando levantó la mirada hacia el fondo al escuchar un ruido pero ya era demasiado tarde, el frío cuerpo de la bestia había conseguido que el no muerto no notara su presencia y lo había sorprendido por completo.
El Minotauro se abalanzó sobre Vaethon y ambos cayeron al suelo, sonando un enorme estruendo en toda la cueva. En ese momento, Theorel estaba incorporándose cuando notó que una leve luz en su traje se había encendido.
—¡Por fin se ha cargado!—pensó en voz alta la joven espía.
Apretó rápidamente el botón y su cuerpo desapareció, lamentablemente para ella la parte térmica se había averiado en alguno de los golpes producidos en su tormentosa huida. Ya no quedaba rastro visible de la espía en la cueva, excepto para el vampiro que se estaba levantando del suelo tras el impacto y notó el calor que desprendía ella. Se dirigió hacia la joven a gran velocidad mientras apretaba los dientes fruto de la rabia acumulada, pero una mano enorme lo agarró por detrás y lo lanzó unos metros por el aire. El Minotauro había perdido por completo a Theorel y su único objetivo ahora era el chupasangre el cual estaba tratando de levantarse después de haber sido lanzado de forma brutal contra los muros.
Theorel se dio cuenta de que era completamente invisible para el Minotauro y activó también la velocidad aumentada de su armadura antes que Vaethon se abalanzara sobre ella. Corrió por todos los túneles sin echar la vista atrás, hasta que la luz empezaba a ser más notoria en la cueva, estaba cerca de la superficie, podía notar ya el aire del frio bosque, el movimiento de los árboles e incluso el sonido de algún pájaro mientras volaba y por supuesto podía oír en la lejanía los gritos de Vaethon y del minotauro dentro de la cueva.
Seguía sintiendo pánico por la situación que acababa de vivir, quizá por eso tardó menos de lo que creía en dejar aquella zona tras de sí.Y Es que pasara lo que pasara, ya estaba lejos de donde estaba él y gracias a la velocidad del traje, esa parte del bosque estaba muy atrás.
Había logrado escapar una vez más de los vampiro pero esta vez había estado más cerca de haber acabado mal, cogió aire e intentó no volver a pensar en aquel asunto, lo único que quería era llegar a la ciudad y poner en común los increíbles datos que tenía en su poder.
Sin embargo, esperaba que Vaethon hubiera fallecido,le había costado horrores encontrar la información y dejarlo atrás, por nada del mundo quería que corriera la voz entre los chupasangres y estos fueran a por su ciudad, Eifhen, la cual ya había sufrido años atrás la cólera del escuadrón Morgue, seguramente la patrulla más letal que tenía el ejército de los chupasangre.
Pasaron dos días de montañas, rocas y ríos, de dormir en árboles y comer lo primero que cazara pero consiguió llegar a una entrada oculta de la ciudad, solo tenía que pasar unos escombros cerca de la valla que separaba la ciudad y la montaña y ya habría llegado a la base de la resistencia, una zona bien escondida y lejos de los colmillos de los vampiros, era de máxima importancia que no la siguieran ni destapar su ubicación o todo habría acabado.
Por desgracia varios no muertos rondaban por su entrada habitual y aunque había usado parte de la energía de la armadura, aún quedaba algo para un último uso antes de tener que esperar y tener así que reiniciarse por completo, seguía con la avería en el camuflaje térmico por eso era importante descender en el momento adecuado para no ser detectado, los vampiros solo notaba su calor si estaba relativamente cerca.
La ciudad había sido destruida en los ataques de hace unos años, se veían automóviles abandonados y saqueados años atrás y los edificios que se tenían en pie se usaban para dormitorios comunitarios o bien eran escombros a la espera de ser reparados o derruidos, y los pocos humanos que quedaban vivos se dedicaban a trabajar para los no muertos y solían ser personas bastante sumisas, nadie querría contestar mal a un vampiro y acabar captivo por ellos o muerto.
La noche estaba llegando a su fin y la ciudad empezaba a iluminarse levemente,los grandes rascacielos abandonados dejaban ver sus esqueletas estructuras reflejadas en el encharcado suelo,podían vislumbrarse lo que una vez fue una gran ciudad, ahora destruida y dejada a su suerte, donde nadie podía hacer nada para mantenerla en pie; daba la sensación de estar a unos pocos años de venirse abajo por completo.
El amanecer era el momento el cual el resto de criaturas de la noche aprovechaban para salir y hacer el cambio de turno, ya que las reservas de sangre del traje de un vampiro no solía durar más de un par de días y debían volver a la base para no perder parte de sus poderes y aguantar en perfectas condiciones durante el día.
Theorel estudió qué ruta tomaban los vampiros, parecía tener un camino en concreto, se dirigían por todo el lateral del muro hasta el final,para luego volver, su vista era lo suficientemente precisa para apreciar hasta un kilómetro de distancia sin perder ningún tipo de detalle y por sus movimientos corporales daban a entender que no tenían conocimiento del robo de la información de Theorel,lo cual hacía ilusionarse a la joven con la idea de que Vaethon hubiera fallecido en la cueva y no hubiera podido facilitar información a su señor y así nadie la estaría buscando en ese momento.
Empezaron a alejarse de los escombros por donde Theorel planeaba colarse, farfullaban algo entre ellos, completamente distraídos, fue en ese momento cuando la joven espía aprovechó la ocasión y activó la última carga del traje, salivó primero y cogió aire profundamente y reflexionó sobre sus movimientos, estos deberían ser sumamente precisos si no quería ser detectada.
Saltó desde el precipicio donde estaba contemplando y se deslizó por la ladera a una velocidad imposible de ver para los humanos pero detectable para los vampiros, sin embargo estaban de espaldas y en la lejanía así que no la percibieron, cuando se volvieron para continuar son su ronda ella ya había pasado por los escombros para acceder a la ciudad Eifhen.
Había una gran cantidad de coches abandonados y oxidados justo en la misma posición que los dejaron sus dueños al ver lo que ocurría años atrás durante la «La primera noche»,toda esa época donde su planeta Vierstorp era un ejemplo de modernidad y paz.
Esos tiempos eran totalmente desconocidos para Theorel, ella nació ya con la llegada de los vampiros y desconocía cómo era la vida anterior, que era lo que harían sus padres a su edad, poder ir a una taberna y tomar algo con sus amigos y reirse, hacía tanto que no se escuchaban risas en Eifhen o incluso la idea de visitar otras ciudades, pero eso ella nunca lo sabría, sus padres habían desaparecido hacía cinco años en una incursión en tierras de vampiros y no había vuelto a tener noticias, la resistencia y ella misma se pusieron en lo peor, probablemente fueron capturados por Isrith y su escuadrón Morgue.
La desaparición de sus padres fue el detonante para que se alistara a la resistencia y acabar siendo espía, su sigilo y sus ganas de obtener información de sus padres hicieron el resto, tenía la esperanza de saber que les había ocurrido y poder descansar de una vez por todas, ya que con los años empezaba a asimilar que jamás volvería a verlos, por eso se entrenó y se esforzó con todas sus fuerzas.
Mejoró su exploración y su capacidad de pasar desapercibida, tanto es así que su fama fue en aumento y gran parte del escuadrón Morgue tenía a Theorel como uno de sus grandes objetivos pero ni siquiera habían conseguido verle su precioso rostro moreno ni su tupida melena negra, eran incapaces de hacer una descripción, pero hoy Vaethon le había visto la cara de cerca, por eso deseaba aún más su muerte.
Theorel pasó por varias calles para no ser descubierta y por barrios donde había gran cantidad de ruinas y cadáveres ya en avanzado estado de putrefacción , solían ser zonas donde los vampiros no rastreaban y seguía su camino hasta llegar a una vieja zona de un metro abandonado que cruzaba parte de la ciudad, por lo general no se recomendaba ir bajo tierra con los vampiros, pero esa zona estaba libre de ellos gracias a un fuerte olor a humedad, al estar debajo de una enorme piscina que había caído en el olvido, estaba lleno de túneles hasta poder acceder a la parte de las calderas y las bombas de agua y es que el olor a humano era imposible de detectar, motivo por el cual los chupasangres olvidaron ese lugar.
Finalmente bajando por unas escaleras y después de múltiples giros se encontraba el acceso a la base, estaba cerrado con una pequeña puerta roja donde un cartel mugriento tenía escrito «contadores» en una letra parcialmente borrada, picó en ella y una fina ranura casera se abrió.
-Sabía que eras tú, Theorel.- dijo una voz grave y masculina detrás de la puerta.
-¡¡Abre rápido!! traigo una información importante, es la ostia de importante, ¡¡venga vamos!! y ¿tenemos al chaval aquí?»-, preguntó Theorel nerviosa.
-Aquí está el chico,¿ que traes tan importante?-volvió a hablar la misma voz masculina.
-¡Abre,Joder!, te digo que esto lo cambia todo, ¡tengo la ubicación de las cuatro tumbas!- alzó la voz Theorel con un tono de incredulidad, no entendía como no le abrían la puerta después de haberse jugado la vida por ello en el bosque.
-¿Qué estás diciendo lo dices en serio?- El tono del Joven se elevó y se escucharon unos leves susurros.
-Claro, abre y lo miramos, hoy nuestra suerte va a cambiar oor completo- el tono de Theorel ya era más calmado.
De pronto un ruido se escuchó y un joven moreno con una melena larga y barba apareció con una sonrisa en su rostro.
-Te estaba tomando el pelo, como no te iba a abrir- mientras empezó a reírse en voz baja y examinaba el rostro de Theorel.
-¡Aparta, necesito hablar con el chaval! ¿está ahí dentro?-Preguntó la joven espía mientra miraba a todos los lados desesperada.
-Está al fondo …pero espera un minuto, ¿dices en serio lo de las cuatro tumbas? – el chico puso cara de preocupación y preguntó nerviosamente- Es en serio? mientras levantaba una ceja.
-Si, tengo la ubicación de las cuatro tumbas pero el chaval, debe descifrarlas, él conoce el código vampiro- dijo Theorel ya con tono cansado de tanta pregunta.
-Aquí estoy- dijo un chico de no más de quince años y de ojos rasgados con pelo azulado.
Theorel se dirigió hacía el joven y empezó a buscar en uno de sus compartimentos de su armadura, se escuchó un ruido y salió una pequeña pieza negra, la sostuvo con sus dedos y se la acercó.
-Esto es para tí Ryoji, ponte con ello, es máxima prioridad,- ordenó la joven mientras le daba un microchip.
Entonces es cierto lo que he oído, ¿son las cuatro tumbas?- preguntó con cara de estar soñando mientras se peinaba su colorido pelo.
-Si, así que no tenemos tiempo que perder- dijo Theorel mientras se dirigía a una habitación a descansar de la larga huída que había vivido y es que su cuerpo había llegado al límite.
Inmediatamente el resto se fueron a un ordenador para poder descifrarlo, les llevaría horas, pero si alguien podía hacerlo era el joven prodigio Ryoji.